9. 6 de octubre de 2000.
por Cecilia Cordeiro y Andrea Kobilsky
DEMOCRACIA.COM
Si alguna conclusión puede extraerse del actual escenario preelectoral norteamericano es que viene precedido por www y se apellida .com. Y es que el notable desarrollo de Internet en los Estados Unidos está generando cambios
-impensados hace apenas unos años- en la forma de hacer política y de comunicarse políticos y ciudadanos.
Claro que las estadísticas para Estados Unidos son muy alentadoras. La revista Wired, en un sondeo telefónico entre 815 adultos americanos publicado en su edición de mayo de este año, concluye que si los ciudadanos conectados eran la excepción a fines de 1997, hoy día son la regla. Los resultados del segundo estudio efectuado el pasado febrero señalan que el 77% de la población está tecnológicamente conectada (y esto incluye el uso de Internet, teléfonos celulares, computadoras, faxes, e-mails). Los ciudadanos digitales -tal es el nombre con que se los identifica- están más informados y tienden a creer más en la democracia y en el poder del voto.
Vienen a la mente dos ejemplos del último proceso de elecciones primarias presidenciales en ese país, que posiblemente ya están siendo analizados como experiencias fundantes en la breve -aunque exponencial- carrera que la red testimonia en la escena política. En primer lugar, los primeros comicios vinculantes online que organizó el partido Demócrata en el Estado de Arizona a principios del mes de marzo de este año. Se registraron 35 mil votos a través de la red, más del doble que los 12 mil ochocientos votos registrados en ese Estado en las primarias presidenciales del año 1996. En segundo lugar, la suma record de dinero que recaudó la campaña del precandidato Republicano John Mc Cain, y el importante número de votantes que se integraron como colaboradores voluntarios en sus filas. Se recolectaron 6.4 millones de dólares en línea, a la vez que se reclutaron 142 mil personas para cooperar voluntariamente en la campaña.
Ambos casos -a los que se suman ejemplos más recientes, como la cobertura de las convenciones nacionales republicanas y demócratas, o la súbita explosión de sites negativos de ataque contra Gore y Bush, los dos principales candidatos- son prueba que la clase política enfrenta un desafío interesante en los tiempos que corren: no se trata simplemente de adaptar la oferta política a la nueva tecnología del Internet, sino que se vuelve necesario repensarla.
Las consecuencias para la población en general del creciente uso de Internet en la comunicación entre ciudadanos y sus gobernantes electos son significativas y ya pueden constatarse en los EEUU. Según una encuesta realizada recientemente entre 1016 casos*, el 12% de los hogares norteamericanos -cifra que representa a 14.4 millones de personas- usaron Internet en el último año para comunicarse con un miembro del gobierno. El 7% de los hogares usaron el mismo medio para firmar solicitadas pidiendo cambios en el gobierno. Durante el mismo período, 2.4 millones de americanos le enviaron al menos un mensaje por correo electrónico a un representante de su gobierno.
Una de las principales razones que explica la importancia de la comunicación online entre gobernantes y ciudadanos es el hecho que depende de éstos últimos generar el paso inicial en este diálogo. La interactividad que permite Internet, característica que la destaca de los medios tradicionales de comunicación, le brinda beneficios tan atractivos al usuario, que logra generar interés y participación del ciudadano en temas que aunque previamente también lo afectaban, no lo movilizaban. El tiempo que ahorra Internet, la comodidad que ofrece y su carácter no invasivo (al revés de la TV y la radio, por ejemplo), resultan características de gran atractivo para la población.
En la Argentina, por contraste, el uso de Internet por parte de organismos públicos y políticos, tanto a nivel local como nacional, es todavía muy incipiente. Son pocas las municipalidades que han desarrollado su sitio y que le ofrecen a sus habitantes servicios de información, de consulta y de trámites gubernamentales. Similarmente, la mayoría de los legisladores aún no han adoptado el correo electrónico como canal de comunicación con sus electores/representados. Esto refleja en gran parte el bajo nivel de conexión de la población, estimado en diciembre de 1999 en 1.2 millones de personas (el 3% de la población).
Sin embargo, tomando en consideración que la red ha crecido 58% en los últimos trece meses, y que el número de conectados aumenta en un 4% al mes, podría proyectarse que el advenimiento de la comunicación virtual política y de gobierno no está muy lejos. La gran cantidad de sitios comerciales que han surgido, la enorme publicidad que hacen los mismos y el pujante desarrollo del sector "business to business" representan el primer paso en el proceso de asimilación cultural de la población al mundo de Internet.
En el ámbito político, el tener una estrategia de Internet, o sea, un portal activo, dinámico y efectivo, pronto dejará de ser un accesorio meramente de "imagen moderna", para pasar a representar una herramienta necesaria e indispensable. Pues no sólo gana en imagen un miembro del gobierno con la comunicación virtual, sino que además puede gozar de los beneficios informativos que el tráfico cibernético le generan: puede saber quién se interesa por qué temas, y de este modo mantener un seguimiento permanente de sus electores a lo largo de su gestión.
Si la radio tuvo como efecto recrear a escala masiva una aparente relación de intimidad entre los oyentes y la clase política, la televisión introdujo la imagen décadas más tarde, acentuando el supuesto vínculo, aunque el estímulo sigue siendo unidireccional. El nuevo elemento -y hasta ahora potencial desafío- de Internet es que inaugura finalmente una comunicación de dos vías. En la medida en que se vayan generando las condiciones para que un mayor porcentaje de ciudadanos accedan a la red, entonces el diálogo entre representantes y representados se volverá permanente. Y la democracia se volverá .com.
* E-people.com Survey & Opinion Research Corp. International