8. Revista Qué Pasa (Chile), 16 de julio de 2000.
por Javiera Moraga (Buenos Aires)
GOBERNAR DESDE LA OPOSICIÓN NO FUNCIONA
El experto electoral argentino analiza la situación de Joaquín Lavín y explica que si bien la oposición debe tener un rol para mantenerse vigente, éste no es competir con el gobierno.
Felipe Noguera lleva más de 13 años en las sombras del poder. Desde 1987, ha sido consultor de campañas electorales en diversos países de América Latina, además de algunas experiencias en EE.UU., Europa y Africa. La semana pasada, organizó en Buenos Aires el XI seminario sobre "La campaña permanente", un concepto que está de moda entre las administraciones políticas del continente y que tanto a la oposición, como a los gobiernos de turno les sirve para conservar el poder. Porque de eso se trata: aprender las técnicas para preservar a toda costa el poder.
A pesar de que Noguera se graduó como matemático en Balliol College, en la Universidad de Oxford en Inglaterra, siempre lo sedujo la política. Incluso, cree que la política tiene tanta exactitud como las matemáticas. Curiosamente, su primera aproximación al tema se produjo en Chile, durante la década de los 60. En esa época, residía junto a sus padres en Santiago y una de las imágenes que se le quedó grabada fue la foto en primera plana y a color del triunfo del DC Eduardo Frei Montalva. Era 1964 y Noguera ni siquiera era un adolescente.
Su fascinación lo llevó a fundar en 1998 la consultora que lleva su nombre y desde donde ha "maquillado" a diversos candidatos presidenciales, como Domingo Cavallo, quien no tenía posibilidades de salir elegido presidente, pero que con ayuda de Noguera logró aumentar significativamente su intención de voto.
Lo cierto es que este consultor argentino cree fielmente en que la campaña nunca se acaba. "Cuando alguien llega al poder no sólo debe preocuparse de gobernar, sino de cómo saldrá de su administración", recalca e inmediatamente pone el ejemplo de Menem, quien, a su juicio, salió tan mal parado de su gestión que tuvo que gastar millones de dólares en avisos e inserciones que lo dejaran bien posicionado frente a la opinión pública. Sobre todo, porque ya está preparando su vuelta a la Casa Rosada el 2003.
Para los chilenos, Noguera puede ser un desconocido, pero basta ver sólo un video de campaña política para ponerlo en el lado de lo "familiar". Y es que Noguera es el estratega del partido Arena, que gobierna actualmente en El Salvador. El mismo partido que, en 1989, sacó a Alfredo Cristiani con el lema del cambio. Uno de sus videos indudablemente inspiró a los publicistas de Lavín. Pero en 1999 debió utilizar otra estrategia para que fuera elegido Francisco Flores, también de Arena. Para ello, Noguera patentó el tema de la Nueva Alianza -algo similar a lo que vendría a ser la Alianza por Chile- y la nueva forma de hacer política.
En agosto visitará Chile, en el marco del seminario de marketing político "La Clave para la Victoria Electoral", organizado por la Fundación Konrad Adenauer. Específicamente, integrará el panel sobre la formación y capacitación de modelos de marketing políticos.
¿En qué consiste la capacitación a políticos y candidatos?
La política moderna tiene nuevas herramientas: las encuestas, la publicidad, internet, la recaudación de fondos hecha profesionalmente. Son instrumentos que hay que aprender a utilizar. Los norteamericanos le llaman el "tool box", es decir, la caja de herramientas. Se pueden usar mejor o peor, pero si no se usan por ignorancia o los candidatos se resisten a estos conceptos, como ha sucedido los últimos 15 años en América Latina, van perdiendo las elecciones y saliendo de la escena política. Las personas que hoy dominan la escena en América Latina son quienes han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, no sólo en lo sustantivo, es decir, en las políticas públicas que aplican, sino también en cómo conseguir y mantener el poder. Y eso, básicamente, es hoy la capacitación política.
Para octubre están fijadas las elecciones municipales en Chile. ¿Cómo la derecha puede aumentar o mantener la votación de Joaquín Lavín?
Esta pregunta abre muchas posibilidades. Joaquín Lavín no ganó las elecciones por muy poco, lo que puede generar una especie de deuda... falta el premio de consuelo. Mientras que con el tercer gobierno de la Concertación el mensaje global que entregó la opinión pública fue que, por un lado, quiere seguir con la línea de la Concertación, pero por otro lado, también está buscando un equilibrio. Entonces, las campañas municipales podrían estar influenciadas por la búsqueda de este contrapeso. Es decir, tenemos a la Concertación como el gobierno nacional, pero queremos un espacio de mayor poder para la derecha. Esa podría ser una primera lectura. La segunda lectura es más bien una advertencia de que las elecciones nacionales y las elecciones municipales pueden tener significados bien distintos. Es decir, la gente a nivel nacional puede votar por un deseo más abstracto, más profundo, de cambio o una ideología, pero a nivel municipal, la gente tiende a votar por otros motivos, más prácticos, que tienen que ver con la administración de sus comunas. Desde ese punto de vista, intentar nacionalizar las elecciones sólo a veces funciona.
¿Cómo se puede administrar esa adhesión?
Hay que tener claro que el que pierde las elecciones y pasa a la oposición tiene un rol importantísimo. La gente no espera que el que pierda las elecciones se vaya a su casa. En Perú, cuando Mario Vargas Llosa perdió frente a Fujimori, se fue del país e incluso se nacionalizó español. Por eso nunca hubo una oposición organizada que le hiciera contrapeso a Fujimori y que se concentrara en preparar una candidatura alternativa. Entonces, seguramente, el electorado chileno, especialmente esa mitad que votó por Lavín, espera que éste tenga una función, aunque en política no es necesario tener una función formal, como senador o alcalde, para ejercer una función pública. La política moderna, que es todo comunicación, tiene funciones "virtuales". El primer análisis que se tendría que hacer es si Lavín está cumpliendo o no con las expectativas que la gente tiene de él. Si fuera a Chile a analizar la situación de Lavín, lo primero que haría es una especie de auditoría sobre qué ha hecho después de las elecciones. Muchas veces, las cosas recién comienzan cuando termina la elección.
Durante los últimos meses Lavín se mantuvo al margen de la contingencia política y evitó dar opiniones. Pero ahora lanzó una fundación de ayuda social. ¿Es una buena manera de mantenerse vigente?
Es una pregunta difícil, porque se está afianzando la idea, no sólo en este caso en particular, sino que en general, que si bien la oposición tiene que tener un rol, su deuda no es la de competir con el gobierno. O sea, si aparece el presidente por un lado y el candidato por otro, con helicópteros, la gente no tiene claro qué significa eso, se le puede desdibujar el perfil al candidato y eso puede ser un gran problema. La idea de gobernar desde la oposición es algo que se le ocurre a mucha gente, pero hasta ahora no he visto que a alguien realmente le dé resultados. Gobernar desde la oposición no funciona. No significa que no pueda existir alguien al que le funcione por primera vez.
¿Y cuál sería la fórmula?
Si en un momento dado de una elección alguien tiene una gran presencia, quiere decir que en ese momento lo que discute la sociedad es si será elegido. Ahora, si pasan los meses y la sociedad comienza a discutir otros temas y esa persona se sale, en realidad se está saliendo de la línea política. Puede ser una buena medida, porque la vida política en ese momento va a ser de gran desgaste y es mejor reservarse. Después de la campaña presidencial, nadie se va a olvidar de Lavín por algún tiempo, por eso él puede darse ese lujo. Ahora, si un candidato comienza a esconderse por demasiado tiempo, la gente dice bueno, para qué le dimos el voto. Ese fue el caso de Vargas Llosa. Este tema de definir el rol de la oposición es bien interesante, porque normalmente la Constitución y la tradición guían el rol del gobierno. En cambio, hay una mayor libertad en el caso del rol de la oposición. Ahí no sólo hay que tener la estrategia permanente de marketing del gobierno, sino que también de la oposición.
Teniendo en cuenta que Lagos fue elegido por estrecho margen, ¿qué puede hacer la Concertación para no perder alcaldías?
En primer lugar, debería encargarse de comunicar la siguiente idea: que es el tercer gobierno de una misma coalición, lo que es muy decidor. En segundo lugar, él no es la Democracia Cristiana, que es más fácil porque es de centro, sino que es socialista. El que haya ganado esa tercera elección, pese a ser un candidato socialista, es realmente importante, a pesar del margen. Creo que lo que hay que hacer con las elecciones es darles una significación. Las elecciones no sólo implican elegir al mejor alcalde. A veces tienen que ver con el partido de gobierno, con la participación de los jóvenes en un cambio generacional, puede tener que ver con un caso concreto de corrupción al interior del gobierno. O sea, hay distintos temas o ejes que se tocan en una elección. Si uno tiene la capacidad de definir esos ejes, entonces uno podrá tener mayor presencia política.
¿Cuál sería el rol del presidente Lagos en esto?
Lagos tiene la oportunidad de ponerse por encima de todo eso. Es el presidente de un período de reconciliación, que está tratando de mantener unidad en una comunidad política bastante tensa, y si finalmente se dio la madurez política como para aceptar un presidente socialista, qué bueno que haya más alcaldes de derecha, para que todo el mundo termine por integrar el proceso democrático. O sea, él tiene ahí un espacio para presentarse como estadista. Y así, las elecciones, en vez de ser un referéndum a favor o en contra de Lagos, se enmarcarían en que elijamos al mejor alcalde. A veces, admitir la posibilidad de que uno puede perder te da mayores probabilidades de ganar y, a su vez, genera una situación posterior de mayor amabilidad. Si la Concertación tiene la Presidencia, la mayoría en la Cámara de Diputados, en algún momento puede lograr una mayoría de senadores y si, además, tiene muchas alcaldías, puede volverse un problema, porque cuando se tiene demasiado poder se pasa a ser culpable de todo y se genera una mentalidad casi como de estado de sitio. Porque cuando un partido político ocupa totalmente el poder, entonces se cierra, se vuelve muy reacio a las críticas, se vuelve muy exclusivo, y en algún momento se derrumba.
La campaña de Lavín apostó por el cambio y casi salió elegido. ¿Cuál debería ser la próxima estrategia?
A pesar de que aún falta mucho para las elecciones, es importante que no defina si se va a presentar o no, porque ahora la gente quiere que el gobierno haga su trabajo y no le agrada estar siempre en un clima electoral. El contenido del mensaje, la estrategia, tienen que ver con el presente. Es decir, qué rol van a cumplir ahora, qué alcaldías van a ser las alcaldías que son de oposición, cuáles son los proyectos que van a presentar en el Congreso, qué van a hacer desde el otro lado de la trinchera. Todo esto, por supuesto, puede contener elementos con los cuales se va tejiendo un mensaje hacia el futuro, pero si el mensaje es explícito sobre lo que se está haciendo para ganar el 2005, a mucha gente eso le puede caer mal; puede decir "mire, ya ganó Lagos, reconozcan la realidad".
¿Y qué le parece que Lavín haya puesto el concepto de cambio como eje de su campaña?
Una de las ideas fuerza de la política en general en el último tiempo es el cambio. Siempre la gente quiere el gobierno para dos cosas: para que haya cierta estabilidad y continuidad, y para que haga cambios en todas las cosas que estén mal, empleos, problemas sociales, etcétera. Cuando un gobierno es muy malo, especialmente si además de ineficiente es corrupto, la gente busca otro modelo. En el caso de Chile, el gobierno concertacionista de la DC no funcionó y la gente quería un cambio, y este se manifiesta en una candidatura bien organizada, con un partido bien organizado.
¿Cree que se puede hacer política sin los partidos, tal como lo plantea Lavín?
Ese discurso que dice "soy político porque me estoy candidateando, pero no soy político", puede servir para una elección, pero para un período prolongado empieza a generar problemas, ¿es político o no es político? Por un lado, puede crear una confusión y, por otro, en política uno necesita a los partidos. Pero tomar eso como un axioma va a remitir a la gente a pensar si finalmente es o no político. Si no es político, entonces que no se meta en las elecciones ni cree fundaciones; si es político, que haga política, aunque no necesariamente a través de los partidos. Estar jugando al soy pero no soy, como el novio que dice que se va a casar pero que nunca se casa, provoca que al final la novia se cansa y se va con otro.
¿Pero cómo un tipo como Lavín puede reinsertarse para hacer una oposición organizada?
Básicamente, generando algo nuevo, que sea algo político. Entonces, la contradicción de Lavín vendría si insiste en no ser político.
¿Qué estilo debiera adoptar la oposición? Porque, por ejemplo, la derecha criticó mucho el discurso de Lagos del 21 de mayo, a pesar de que hubo quienes lo encontraron valioso, sobre todo, por su extensa mención al tema de internet.
Hay que reconocer los aspectos buenos. Decir, por ejemplo, "mire, yo creo que el presidente Lagos estuvo muy bien en la manera en que enfocó su discurso, pero a mí me hubiera gustado que él hubiera hablado de tal y tal cosa". Pero la oposición por la oposición no funciona. Porque por mucho que la gente critique al gobierno, igual quiere que haga cosas, por eso, cuando ve que está haciendo cosas, no concibe que se le critique.
¿Usted ha tenido contactos con gente en Chile con respecto a Lavín y su campaña?
Mi primera experiencia política con Chile fue en el año 60. En los últimos años he mantenido contacto con gente como Andrés Allamand y del Instituto Libertad y Desarrollo, como Cristián Larroulet. Me parece que es un caso muy interesante, ya que siempre les planteé que mientras estuviera Pinochet presente en la arena política la derecha en Chile no podía ganar una elección. Había temas muy caros para la derecha, como asegurar que la presencia de Pinochet no iba a influir. En la medida que Pinochet ya no es factor de poder, la derecha vuelve a ser necesaria y, por lo tanto, la derecha en Chile es posible, vuelve a ser posible.
¿Cómo puede influir el desafuero de Pinochet en el aspecto político?
Me da la idea de que, electoralmente, lo peor que puede hacer la Concertación es quitarle el fuero a Pinochet. qp